El otro día tuvimos un reencuentro. No nos vimos pero te pude sentir. Se perfectamente que no vas a creer ninguna palabra de lo que te voy a decir, me da igual. Sinceramente, sin apostar ni perder nada, te estuve pensando todo el día. Me nació un sentimiento que había quedado estancado, de hecho nunca se había ido porque aún anhelaba tu regreso. Me encontraba sentada en algún sitio de mi casa, con algo en la mano, no recuerdo nada, estaba tan pendiente a lo que me escribías que no había nada más. Pero si te digo todo lo que pensaba en ese momento, todo lo que mi cuerpo quería hacer y todo lo que tuve que apretar mis labios para que no se imaginaran una situación paralela y besarla, si además añado que en ese momento hubiera preferido tu cara y tus manos antes que mi cama, entonces, seguramente, ahora no me estarías leyendo, estarías a mi lado.
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