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miércoles, 27 de julio de 2011

Pokerface.

Por todos aquellos que una vez nos dijeron:  -Tranquilo ya verás como viene otra persona, eres joven. Mírame a mi... 

 Empezó a explicar su historia. Vi a su pareja y preferí quedarme sola. 


Llámame superficial, si quieres.

domingo, 24 de julio de 2011

DIFERENT,

Debería sentir odio por ti, pero no te tengo ninguno. Y yo siempre te he amado. Tú me has enseñado tanto...En todo este tiempo nunca vi todo lo que habías desplegado ante mi.
En todo este tiempo, nunca vi, que todo lo que necesitaba estaba dentro de mi. Ahora, me siento tan diferente. Ahora me siento tan diferente...


   

viernes, 22 de julio de 2011

Hambre.

Te arrancaría el corazón y mis manos estarían llenas de tu sangre. Se filtraría por todos mis poros y recorrerían todas las líneas de mi mano. Lo metería en un vaso con hielo y como un batido con su pajita me lo bebería. Luego, cuando ya no quedara más sangre, cogería lo poco de corazón que te quedara y me lo comería. Me comería todo lo que sientes y has sentido, pasarían todos tus recuerdos por mi mente y sensaciones por mi cuerpo.  Y te llevaría en mi. Y seríamos uno. 


La ley de la atracción.

Conocí una chica. Una chica, que siempre tenía una parte de su armario de ropa vacío. Que siempre dormía a un lado de su grande cama, nunca ocupaba la otra parte. Lo mismo hacía en el sofá. Cuando comía ponía delante otro plato con cubiertos. Cuando llegaba a casa después de una larga jornada de trabajo decía, ¡Ya he llegado! Cuando se compraba ropa, compraba algún detalle para otra persona. Pero no había otra persona, no estaba la persona con la que quería compartir su vida.
Antes no se dedicaba a nada de eso, quería a alguien a su lado, lo anhelaba, lo buscaba, no aparecía. Pero entonces, Rhonda Byrne le aconsejó que para conseguir eso, lo que tenía que pensar y hacer era como si eso ya lo hubiese conseguido, ya lo tuviese. Imaginarlo, desearlo y creerlo. Ya que por mucho que anhelara no conseguiría nada hasta que pensara que eso ya existía, ya lo tenía, ya sentía que estaba con el amor de su vida.
 A los siete meses apareció, deseó algo y no se contradijo: No ocupaba toda la cama, no se tomaba el café sola, no ocupaba todo el armario... Y El amor llegó.




Y esas ilusiones en vano que te entran.

Y darle la mano a una persona, que quiera cogerte el brazo, y tocarte todo lo demás.

¿Y si deja de aparecer, qué? No muerde, acércate

Un tren, una persona. No la conoces de nada y la miras, lo miras todo. Y llega tu parada y te bajas, miras si te mira antes de bajar como quien no quiere la cosa, ¡Claro! tenías que girar la cara para mirar el letrero del tren que pone "TREN CON DESTINO BARCELONA..." Parada que ya te sabes porque bajas cada puto día, pero tu lo miras para ver si te mira. Y piensas en esa persona, y estás un buen rato y te preguntas mil cosas. Y te ilusionas y te alegra el día, entero. No sabes nada, pero tu corazón parece que lo sabe todo porque está palpitando como nunca. Y llega la noche y no te acuerdas. Te levantas al día siguiente y piensas si estará y la buscas, derecha, izquierda, doy un "paseillo" aunque te quede lejos después la puerta del tren. No está. Y parece que el viaje no mola y qué rollo y ya ves tú como puede influenciarte tanto alguien que no ha estado nunca en tu vida. Y entonces,al día siguiente tienes suerte y sí, ¡ahí está!. Se repite cada mañana y pasan los días y te mira y pareces tonto, como cuando tienes quince años ¡ un cuadro! Y ahora que aparece y ahora que no...

El día más innecesario de tu vida.

Sí, había llegado el día. Le tenía que decir a mis padres la verdad. No podía más. No quería mentirles más, con mis relaciones, con mis amigos, con mis compañías. Tenía que decirles lo que sentía y lo que quería.
Así que un día  me atreví a decirles que tenía que hablar con ellos esa misma noche. Tenía que pensar cómo, de qué manera, por dónde empezar. Estuve en clase pensándolo, le pregunté a mi mejor amiga, la única que lo sabía de mi entorno. Me dijo que no me sentara ha hablarlo, que ella no lo había hecho y que no hacía falta que yo lo hiciera, ¡Qué fácil, es que ella lo tenía fácil!

Llegó la noche y con ella el momento. Mi comedor era bastante grande, pero cada vez que daba un paso para sentarme al sofá parecía que las paredes se movían y me iban a aplastar. La garganta cerrada. El corazón a mil, lo notaba en todo el cuerpo "pum, pum".  Ellos, esperando. Finalmente me senté. No les podía mirar. No lo merecían. El pelo me tapaba toda la cara y ya no me quedaba pinta uñas que rascar.
Me preguntaron qué pasaba. No sabía si lo iban a entender, lo disimulaba genial, la verdad. Nadie sospechaba pero yo cada vez me hundía más conmigo más.
Así que sin levantar cabeza, sin mirarles a la cara, sin explicarles qué pasaba...
Lo solté, tal cual, rápido, alto, con los ojos cerrados. Como cuando te hacen cosquillas y no puedes ni decir palabra porque no tienes aire. Así.
Silencio. Ojos cerrados. Silencio. Abrí un ojo y vi a mi padre Josh sonreír. Al instante abrí el otro y mi otro padre Kevin se acercó a darme la mano. Mi corazón se alivió, no dijimos nada, no dijeron nada. Ésa noche fue una más. "El peso de encima que te quitas cuando le dices a tus padres que eres heterosexual." 



martes, 19 de julio de 2011

5', 50€ y una huida.

Con prisas llegué a la estación de tren. Mientras subía las escaleras apurada vi a los revisores. ¡Mierda!. Busqué entre mis bolsillos algo de dinero. No tenía. Me dispuse a llamar por teléfono. Me lo había dejado. Había quedado y tenía que pillar el tren sí o sí. Entonces, con descaro me acerqué a uno de los tres revisores y le propuse que me dejara viajar sin billete. El revisor con señales, de esas que pones cara de búho, me dijo que no podía porque estaba su supervisor y que pidiera dinero. ¿Pidiera dinero? ¡Jamás había pedido dinero!. Me senté en el banco, me sentía condenada a pagar aquella multa. La mujer de al lado tuvo curiosidad y me preguntó qué me pasaba. Se lo conté con desgana. La mujer, de pronto sacó su monedero y entre tanto billete que pude observar, sacó el más pequeño, 50 euros. -Vete a comprar el billete ¡anda!, me dijo. Estaba flipando. Insistió. Le dije que jamás había aceptado nada de un desconocido. Acepté.  Me lo fui a comprar. 
¿Sabes lo que más me impactó de esta historia? No fueron los 50 euros. No fue que me podía haber ido perfectamente con ellos. No fue el valor del dinero. Fue lo que vino después. Lo impactante fue cuando al darme el cambio la máquina y dirigirme de nuevo al banco, la mujer ya no estaba. Me puse muy nerviosa. Más que cuando sabía que tenía que pagarle a los revisores. No podía quedarme con ese dinero. Yo al menos no. Me puse a mirar y la encontré bastante lejos de la entrada. Fui casi corriendo. Se lo devolví con una sonrisa y un muchas gracias. Vino el tren. Me quedé sorprendida. ¡Le dio igual! Todavía me pregunto si a aquella señora le sobraba el dinero o si le recordé a algún hijo suyo despistado. Creo que estuve pensando toda la tarde. También sabía que eso no ocurría todos los días, quizá nunca más ocurra. Cinco minutos duró todo. Cinco minutos se pueden convertir en todo. Pero ¡qué coño!, ¡Le importó una mierda el dinero!.