Yo la llamaba la chica del escaparate, porque parecía
transmitir un “mírame pero no me toques”, o quizás sólo era una apariencia...ya que, a pesar de poder tener toda la belleza que uno podía desear, no se
encontraba a gusto en el mundo. De hecho llegué a pensar que quizás el
dolor que había sufrido hasta el momento había provocado que estuviera
encerrada tan en sí misma que ya a nadie iba a dejar entrar. Era como si no
perteneciera a aquí, o quizás no estaba el mundo preparado para ella. Tampoco
se sabía mucho si era una persona vanidosa, es decir, que le gustara que todas las miradas
fueran hacia ella, no lo creía, solo sé que no la consideraba como la típica, “guapa pero tonta”, para nada. Su madurez también era uno de sus puntos más
fuertes. De hecho a día de hoy, cada vez que me paso por delante de su mundo, me
la quedo mirando, ella mira al horizonte, no sé que busca, quizás sólo encontrarse
y mientras tanto debía tan solo disfrutar del momento.
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